Estallando en mil pedazos, destruida toda esperanza, sueños rotos y olvidados. Como si nunca hubiesen existido, como si nada de esto hubiera pasado, se abre ahora una realidad de caos y desolación.
No estamos aquí, nunca hemos respirado este aire cada vez mas envenenado. Ni siquiera el recuerdo podrá perdurar si no hay nadie que pueda recordarnos. Desaparecerá todo vestigio de los que fuimos. No habrá un futuro prometedor, no habrá planes para el mañana.
Una vez que había asimilado esto, sin saber aun si sería la última persona con vida, continúe caminado, y con cada paso que daba más se me quebraba el alma, ni espíritu ni conciencia me quedaba ya, solo iba vagando entre tinieblas. Sin comprender una realidad que trasmutaba en un tiempo cada vez más inestable y traicionero. Ya no sabía si existía realmente, un deterioro claramente evidente de mi cabeza, apoderada de la demencia. Decir que nada tenía sentido es poco pues dudaba ya de si hubo sentido alguno. Llegados a este punto ni el mismísimo Descartes podría haber confirmado la duda, pues realmente ni eso mismo parecía haber existido.
Desconocía si aun tenia cuerpo, de si solo era lo poco que me quedaba de razón lo que aun divagaba en sórdidos soliloquios. No importaba realmente, pues poco a poco había ido perdiendo hasta la capacidad más simple de percibirme a mí mismo. No caminaba entre sombras, no era una voz en mi cabeza lo que oía, no era una luz al fondo del túnel, no eran pensamientos banales lo que entretenía mi inexistencia. No era nada. No era solo yo, ni solo la ausencia del yo. Joder, ni siquiera estaba seguro de estar seguro de que no era nada. Y si era, que cojones importaba, no estaba allí para sentirlo. La ausencia del todo y de la misma nada.
Y tras esto una silenciosa explosión. Como si cada detalle de lo que una vez fue el mundo se reinventara en fracciones de segundo. En cada cienmillonésima parte de segundo. Y tras contemplar aquel cálido abrazo de creación me pregunte antes de nada, si era yo mismo el que observaba fascinado toda esa luz en expansión. Fue como recuperar el aliento tras un eterno silencio. Una respiración contenida demasiado tiempo.
No entendí nada de aquello pero no hacía falta, porque en aquellos momentos me sentí parte de toda esa nueva vida que avanzaba abriéndose espacio a través de toda esa ausencia en la que me había perdido hacía unos instantes. Me sobrepasó aquel torrente de luz y poco a poco fui recobrando la seguridad en el mismo sentido inverso en que la había perdido por completo.
Cuando todo mi horizonte se anego de sustancia, el tiempo se acelero y todo lo más parecido a mi realidad recobro fuerza y vida. Aun no era yo mismo, pero supe sin temor que tampoco lo llegaría a ser, no tras haber contemplado la muerte y el renacer del universo.
Ahora yo era por fin mi propio dios, pude que no el de todo aquel vasto imperio de magia, pues desconocía si estaba solo, pero lo que sabía con seguridad era que ya nada sería como una vez fue, aun sin recordar cómo había sido, pero contemplaba ante mí un nuevo estado de realidad y mi existencia ya no dependía de preguntas ni incertidumbres.
Un sequito de infinita perfección me acompañaba ahora en este extraño viaje.

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