Sangro, al igual que tu.
Por mi piel, que recorre todo mi cuerpo, para que mis tripas no se expandan por doquier, fluye mi sangre, derramada, por una herida que atraviesa mi cuello.
No recuerdo haberme degollado otra vez.
Hacía ya tiempo que no volvía a recaer. No lo había vuelto a intentar desde que la conocí a ella. Qué extraño que mis últimos pensamientos sean sobre ella. Ella. Que parece habérmelo dado todo y apenas la conozco.
Qué curioso, ya no salpico casi sangre por la pared, debe de quedarme ya poca, debe de quedarme ya poco.
Tiempo.
No debato sobre este curioso concepto, pues es tan banal ahora como lo es volver a pensar en ella, o en toda mi vida.
Una fría mano me aprieta el cuello.
Es la mía.
No consigo palpar la herida, pero sin embargo sigo notándome cada vez más débil, más cansado, más vacio… mas muerto.
Cada vez estoy más seguro de que no tengo ya herida alguna, no noto ya sangre reseca en mis manos, ni el cosquilleo de las gotas bailando entre los dedos de mis pies. No noto nada. Tanteo con mis gélidas y mortecinas manos el aire que está a mí alrededor. Solo el áspero tacto de unas sabanas. Estoy tumbado en una cama, mi cama.
Gritando tan fuerte que se me parte la comisura del labio, y estos se me llenan de heridas que noto como estallan entre piel reseca. Ahora aprieto con fuerza, acusado por un dolor que me recorre el espinazo.
De repente leves reflejos se conforman por toda la estancia. Son ojos que observan. Los cuento rápidamente, falta uno. Alguien me está guiñando un ojo, o tiene carencia de este. Ya nada me parece extraño. No sé si estoy en un sueño, pero sea lo que sea esto, me gustaría despertar o poder morirme ya. No se cuánta sangre me queda aun en las venas o si alguna vez he llegado a derramar algo, pero aun noto el calor en el cuello y en el pecho.
Respiración entrecortada, tenso cada musculo de mi cuerpo, cada musculo. Voy a estallar. No presión en los oídos, me quedo sin aire. Vuelvo a gritar. Nada.
Sudo, al igual que tu.
Por cada poro de mi piel, que recorre todo mi cuerpo, para que mis tripas no se expandan por doquier, fluye el sudor, agotado tras el esfuerzo.
No recuerdo haber hecho ningún esfuerzo.
Hacía tiempo que no volvía a sudar. No había vuelto a sudar tanto desde que la conocí a ella.
Qué extraño.
Muero, al igual que tu.
Todo mi cuerpo.
No recuerdo haber muerto.
Hacía tiempo que no moría, no había vuelto a soñar con ello desde que la mate a ella.
Aun recuerdo el esfuerzo, lo que me costó reducirla y cortarle el cuello.
Es extraño que en estos últimos momentos mis pensamientos recaigan sobre ella. Ella. Que parecía habérmelo dado todo y apenas la conocía.
Dejo de salpicar sangre por la pared al cabo de un rato, ya no le debía de quedar mucha, ya lo le debía de quedar mucho.
Tiempo.
Que reflexionar sobre este abstracto concepto. Banal, claro, en estos momentos.
Tenía la mano fría cuando me agarro el cuello. Cada vez estaba más débil, cada vez mas cansada…mas muerta.
Noto la sangre reseca en mis manos. Me intento limpiar con las sabanas de la cama donde yace ella.
Grito tanto mientras la degollaba que antes de que la sangre le ahogara el aullido se le partió la comisura de los labios y estos le estallaron en decenas de pequeñas heridas.
Ahora solo veo un grupo de personas que me observan. Uno de ellos me guiña un ojo.
Entonces accionan el interruptor y me golpea una enorme descarga eléctrica, se me tensan todos los músculos del cuerpo, se me taponan los oídos, voy a estallar. Me quedo sin aire, intento gritar. Nada.
No sé si es un sueño o es la realidad pero me gustaría morir o despertar ya.
