Hoy son las 4 y media y puedo apreciar más que nunca el desgaste de mi insomnio. Y ni siquiera puedo oír ya la pequeña vocecita que me susurraba hasta hace poco “duerme”. Solo quedo yo, sentado en mi habitación iluminado levemente por una tenue luz blanca que proyecta las sombras de mis dedos sobre el teclado del ordenador. Y como melodía de fondo el silencio. Mi cuerpo anhela el tacto de las sabanas y el reposo de una almohada, pero a mi mente le importa poco descansar, es joven y parece estar descubriendo los detalles efímeros de la vida que hasta ahora había obviado y encuentra en ellos un edén de sensaciones. No quiere descansar. Puede que por miedo a caer en ese estado de letargo donde lejos de dormitar perezosa, se aviva con cada latido para repasar cada minuto de vida del extraño día donde se ha visto embarcada. O puede que solo este deseando un momento más de placer entre deleites de entremeses metafísicos, sin beber siquiera un sorbo de coherencia ni acompañarlo con un breve aunque intenso descanso.
No me concede deseos ni mi propio cuerpo. Pero más bien es la mente la que piensa en esto y es a la vez esta misma la que me ignora y me repudia. Seré dos “yo” entonces. El que no concede y el que exige. Mecanismos tan complejos y extraños que pueden llegar a coexistir por separado. Mientras uno celebra la vida el otro encierra el deseo y apuntala el presente como queriendo decirte “solo eres un hombre” mientras paseas por el foro entre halagos y piropos.
Mi cuerpo tira de mí hacia la cama. Preveo un largo periodo de taciturna oscuridad, insomnio y ganas de cambiarlo todo. Desde la cabeza a los pies. Despertarme en el cuerpo de otro, no en el de un extraño sino en el mío propio, tan cambiado que tenga que debatirme entre la alegría del nuevo y la añoranza de viejo. Entre acostumbrarme al cambio o explorarlo de nuevo.
Dilemas morales, dramas personales. Un vergel de ruidos que estallan juntos en mi cabeza intentando crear un coro de vivencias personales que me reporten algo bueno, pero solo consigo insomnio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario