domingo, 16 de enero de 2011

Siervo de la noche

El horizonte me envolvía,

la oscuridad se convertía en luz,

la noche en día.

Presente, pasado y futuro.

Se entremezclan

todo en uno.

Se perdían las palabras en el oscuro cielo,

a cada paso que daba,

con cada respiración que emanaba.

No me podía el frío,

no me atacaban los escalofríos,

solo un sentimiento cálido con cada rayo,

solo un suspiro eterno con cada trueno.

No me salía tristeza,

bien presente la entereza.

Aburrido paisaje diurno,

enamorado del nocturno.

Estrellas conforman mi esencia,

iluminada mi existencia.

Mi piel se eriza al contacto

de mi brazo en el ocaso.

El sol se esconde cansado,

su luna se hace cargo.

La reina de la noche es eterna,

me inclino en su presencia.

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