Te estalla el cerebro. En mil pedazos. Pero no ay sangre. Solo dudas, temores y miedos. Solo preocupaciones. Tranquilo. Solo ha sido esa acumulación de todo este último año. Vas corriendo a verte en el espejo sin saber con seguridad si esa brecha aun humeante te ha manchado la cara y la ropa. Tiras todo a la lavadora pero te das cuenta de que aun tienes sangre por toda la cara. Pero dicen que la cara es el espejo del alma. Asique estas jodido. Tienes incluso herido aquello que no puede verse ni palparse. Te han tocado una de esas cosas que solo puede sentirse, que no está ni dentro ni fuera de ti, pero lo consideras mas tuyo que cualquier otra cosa.
Como no puedes lavarte decides mandarlo todo a la mierda. Intentas recrear en tu mente como seria echarlo todo por la borda. Ir cogiendo cada uno de esos pedacitos que aun descienden pegajosos por tu frente e irlos olvidando mientras los pierdes de vista en el horizonte hundiéndose a la vez en lo más profundo del océano.
No lo consigues así que simplemente decides coserte de mala manera el agujero abierto en tu cabeza, ponerte una peluca y salir a la calle como si nada. Pero con la primera ráfaga de viento se te vuela esa mierda de peluca que creíste en algún momento que engañaría a alguien y a la vuelta de la esquina te tropiezas con otro recuerdo, te asalta el miedo y crecen las dudas y las malas puntadas de tu, aun ensangrentada herida, saltan por los aires y sientes como esa fría brisa se te cuela por dentro bailando entre los descosidos de ese tremendo agujero que vuelve a estar abierto, rebosando de sesos metaforizados en temores, odios y demás chorradas banales.

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